Jóvenes venezolanos resignados a vivir en la era de Nicolás Maduro


Multitud de jóvenes dejan el país para encontrar un futuro próspero de mayor seguridad en España como ya hicieron años atrás otros muchos huyendo de Hugo Chávez

Ignacio Luna/ MADRID

Cuando lo que tienes, por mucho o poco que sea, no te garantiza una vida estable con seguridad y futuro, merece la pena arriesgar para comenzar de nuevo en otro lugar, este es el planteamiento que está animando a que muchos jóvenes venezolanos se decidan a embarcarse en la aventura de conseguir un próspero porvenir en un país como España. A pesar de que las oportunidades actuales no son las mejores debido a la crisis que azota Europa, estos jóvenes saben que las posibilidades de futuro son más fáciles de alcanzar en este país que en su propia tierra, donde reina el desabastecimiento, la corrupción y la falta de seguridad.

Isaac, que ha decidido llamarse así en España para no ser reconocido en su país, llegó a Madrid hace algo más de un mes y medio, no tiene papeles, trabaja como escort y no sabe muy bien qué será de su vida en unas semanas. Sin embargo, lo que tiene muy claro es que él no quiere regresar a la actual Venezuela de Nicolás Maduro.

Aunque muchas personas crean que la inmigración es el resultado de una situación económica o de necesidad extrema los nuevos emigrantes venezolanos no buscan simplemente una oportunidad laboral mejor sino un porvenir solido, cansados de padecer a su temprana edad el calvario de inseguridad constante por el que sus familias llevan viviendo desde hace décadas.

Isaac, no llega a los 25 años y las cosas en Venezuela no le iban nada mal, es un conocido artista; su originalidad, juventud y talento le hicieron abrirse rápido un hueco en el mundillo más alto del diseño en Caracas. Sin embargo, la falta de oportunidades le ha hecho llegar a esta extrema situación de abandonarlo todo para comenzar de nuevo en un lugar donde progresar, donde la falta de materiales no sea un problema, donde el circuito comercial presente oportunidades verdaderas y donde sus diseños puedan encontrar repercusión. Su nivel de vida en Venezuela era bastante bueno, pero a base de mucha voluntad obteniendo un resultado desmedido en comparación a su alto esfuerzo. Todo esto, unido a la falta de seguridad constante, ya ha perdido la cuenta de la cantidad de veces que le robaron el celular, le han hecho tomar esta difícil decisión.

“Está claro que me gustaría estar con mi familia y amigos y no hacer lo que ahora estoy haciendo aquí pero lo que está sucediendo en Venezuela es una auténtica guerra y yo no voy a participar en ella”, asegura Isaac. A pesar de que el gobierno y el bloque opositor se encuentran en pleno proceso para encontrar una vía de diálogo que les ayude a salir de la enorme crisis económica y política que se vive en el país, las manifestaciones e incidentes se reproducen en cada esquina de Venezuela desde hace más de dos meses habiendo resultado más de 40 personas muertas y unos 2.300 detenidos. La desbordada inflación, el desabastecimiento y el alto índice de delincuencia es lo que ha hecho que universitarios y opositores principalmente de clase media, hayan salido a las calles para reclamar una inmediata solución.

Mientras que algunos jóvenes están saliendo a las calles de Venezuela para luchar hasta la muerte otros optan por huir y afrontar una nueva vida no mucho más fácil. Para entrar en España, Isaac tuvo que viajar hasta Paris y pasar inadvertido como un turista más. Tras dos semanas allí voló a Madrid donde entró con visado de turista. No tiene miedo de que le expulsen y confía en encontrar una solución como así les ocurrió a muchos de sus amigos los cuales repitieron similar fórmula meses atrás y le animaron a optar por este camino, “todo antes de tener que volver a ese infierno”, asegura. En estas primeras semanas se ha inventado una nueva identidad, se ha alojado en casa de unos amigos y ha comenzado a luchar para obtener el dinero necesario como para seguir batallando y conseguir algún día la nacionalidad española. “Por vender mi cuerpo no dejaré de ser artista”, asegura Isaac, quien reconoce que cuando todo esto acabe volverá a su pasión, el mundo del diseño.

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Uno de los jóvenes que decidió dejar todo en Venezuela para empezar una nueva vida en España a las puertas del consulado venezolano en Madrid.

Entre las cosas del día a día que más le fascinan a Isaac tras haber aterrizado en España es la seguridad con la que se vive. “Días atrás caminaba algo perdido bajo un túnel para llegar a una cena a la que me habían invitado y por un momento pensé que estaba en Caracas, un escalofrío de pánico recorrió mi cuerpo, sentí miedo, pero al instante recordé donde estaba y sentí alivio, aquí puedes caminar solo a altas horas de la madrugada y es difícil que te pase algo, ésta es una de las cosas por las que he dejado todo para comenzar aquí desde cero”, asegura Isaac.

La historia se repite

Los jóvenes de Venezuela no quieren resignarse a aceptar lo que algunos quieren imponerles, pero esta historia no es nueva. Años atrás, Herson y Nelmar tomaron la misma decisión, sin embargo ellos huían del ya desaparecido Hugo Chávez. En sus testimonios se da verdadera cuenta del dolor y el sufrimiento que llevan dentro de ellos aún hoy. “Yo me vine porque Venezuela es un país que no vale para nada, su geografía y su fauna es maravillosa, pero su sociedad es decadente. Es verdad que hay mucha gente inconforme, pero son una minoría, como los universitarios. Los otros se callan porque les pueden echar de sus trabajos, o negarles una casa, o meterlos en la cárcel. Yo si regresara a mi país no podría ser por ejemplo funcionario porque estoy en una lista de opositores al régimen”, asegura Herson quien años atrás decidió que su vida en el país comenzaba a peligrar y decidió dejarlo todo y empezar en España. Asimismo, Nelmar apostó por Madrid para conseguir su sueño de vivir en libertad, sin miedo y encontrando un futuro próspero, y así lo consiguió.  Sin embargo, el comienzo no fue fácil. “Había sido jugador de la selección oficial de natación y waterpolo de Venezuela, tenía estudios superiores y dejé todo para trabajar como camarero o albañil”, destaca Nelmar quien ahora, tras años de esfuerzo, se ha convertido en un respetado entrenador personal en la capital española.

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Las mamparas de la vergüenza cumplen 15 años


‘Un centenar y medio de mamparas transparentes de vidrio, de 1,90 metros de altura por 2,97 de longitud, suavemente oscurecidas y tratadas con un componente que les otorga elasticidad ante los impactos’. Así se vendieron hace ahora 15 años las mamparas que colocadas sobre el Puente de Segovia de Madrid se instalaron para disuadir al elevado número de suicidas. Quince años en los que Madrid ha cambiado, ha madurado y se ha transformado en una ciudad más cívica y responsable. Donde el tráfico ya ha dejado de ser el principal quebradero de cabeza, la M30 ha sido soterrada tras una obra faraónica y donde las mamparas no se han movido ni un ápice. Porque desde su misma localización, nos recuerda a los que a diario pasamos por allí que la sociedad en la que vivimos continúa arrastrando un mal congénito como es ese. Un mal del que nadie es capaz de hablar y los medios de comunicación se siguen negando a abordar. Mientras tanto el suicidio se convierte en la primera causa de muerte no natural por delante de los accidentes de tráfico en España.

“Esta medida no persigue entrometerse en la vida privada de nadie, sino más bien pretende separar la asociación que la persona suele hacer con esas tendencias entre esa intención suya y la información sobre una referencia eficaz para consumar su propósito. El Viaducto ha sido mortalmente eficaz”, explicaba Carlos López Collado, concejal de Seguridad Ciudadana y Bomberos de la ciudad, allá por 1998. Pues quizás esa medida debería de haberse entrometido un poco más en la vida de los ciudadanos para hacerles ver que el suicidio no es una solución, evitando que unas mamparas den cuenta de la vergüenza que supone saber que vivimos en una sociedad en la que el alto de un viaducto puede ser tomado por algunos como la liberación ante una vida de dolor y sufrimiento.

 

‘El Dilema’ de hacer caja o no hacerla


o-ZAPATERO-MEMORIAS-570Por un lado podemos encontrar ‘El Dilema’, el título del libro del ex presidente Zapatero, y ‘el dilema’, que es eso que los políticos no tienen a la hora de acertar si deciden escribir sus propios libros en el que contar sus vidas por capítulos o dar entrevistas a los periodistas, los cuales comienzan a aceptar con resignación que el periodismo se ha convertido en la mera transmisión de lo que los políticos dicen, sin opción a preguntas. Y es tal el escandaloso punto al que ha llegado el asunto que ya los políticos ni siquiera cuentan sus vidas. ‘El Dilema. 600 días de vértigo’ de Zapatero ni es un libro de memorias, ni es una biografía, sino un libro sobre la última época de mandato del ex presidente cuando la crisis golpeaba con más fuerza a este país. Todo un ensayo en contradicción con el libro de Pedro Solbes titulado ‘Recuerdos’, en el que el ex ministro de Economía sostiene que el 8 de enero de 2009 propuso a Zapatero un plan de choque para la recesión que vivía España con medidas que “hubieran provocado dos huelgas generales”, según Zapatero. Sin duda estas ‘obras’ de Zapatero, Aznar, Solbes… parecen más la autodefensa de una gestión deficiente que la aceptación de la realidad tal como fue. Y, evidentemente, una importante manera de recaudar dinero ahora que las conferencias millonarias se cuentan a la baja. No obstante, aquí todo el mundo es libre de hacer lo que quiera, y de comprar o no comprar la literatura que a cada uno le venga en gana, pero por favor, señores políticos o ex políticos, no se acuerden de los periodistas, y por lo tanto del interés de los ciudadanos, solamente a la hora de promocionar sus libros y hacer caja. No vean a los periodistas como enemigos. Si no hay nada que esconder responder a los periodistas será igual de fácil que escribir sus propias obras, ¿verdad? No sean materialistas.

Una alcaldesa odiada


TomaPoAnaBotellaSerrano

Un conflicto que explota ante la imagen de una alcaldesa con una popularidad por los suelos. Ese podría ser uno de los cientos de enunciados que bien enmarcan la precaria gestión de la regidora del principal municipio de España, que casualmente llegó al poder en base a una clara estrategia encumbrada por el actual Ministro de Justicia y ex alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. La argucia por colocar al frente de la capital a la mujer del ex presidente del Gobierno, la cual nunca estuvo bien vista por los votantes de ningún partido, parece que no ha funcionado. Si desde la cabeza del Partido Popular pensaron que esa baja popularidad se podría ir corrigiendo como sucedió con la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se equivocaron. Y es ahora cuando ya no saben qué hacer con ella. Es casi obvio que su candidatura para la reelección está claramente descartada pero eso no tranquiliza a su partido que ve peligrar el triunfo en la capital madrileña, importante feudo popular desde 1991. El PP comienza a considerar que podría darse la peculiar situación de que ningún cabeza de cartel, por muy popular que fuese, sea capaz de remontar la situación de baja estima hacia sus filas. Y es que la consecución de errores no parece que sea un cúmulo de mala suerte, sino el resultado de una precaria gestión, por parte de una candidata que no fue elegida por los votantes, y que cuenta con una capacitación y aptitudes para el cargo muy en entredicho.

Un sistema paralelo, una economía diferente


Cuando indago más de lo previsto en mi esquema habitual me pregunto qué pasaría si la gente se organizase de manera paralela al sistema ya existente. Si el fisioterapeuta que sabe dar masajes y no consigue un puesto de trabajo comenzase a desarrollar su actividad de manera espontánea en su domicilio a coste cero,  o si los publicistas parados se unieran y organizasen una agencia de publicidad gratuita.

La remuneración que obtendría sería inexistente, pero por lo menos el ingente número de personas aburridas en sus casas descendería. Uno de los grandes males de esta crisis  es que son muchas las personas que se ven forzadas a quedarse totalmente paradas a diario ante las brutales cifras de desempleo.  Un problema que está provocando que una multitud de personas se oxiden, dando rienda suelta a pensamientos poco saludables.

Los políticos no han sabido ser gestores. Fueron marionetas de un sistema injusto que solo enriquecía a unos pocos. ¿Deben seguir decidiendo por nosotros o es hora de que la coherencia marque la pauta para salir de esta horrorosa crisis de la que no se atisba un final sin tintes catastróficos?