Jóvenes y españoles: desesperación o destierro


Artículo publicado en NuevaRevolución.es

Ignacio Luna / Madrid

La Alemania nazi del pasado siglo, además de servir como argumento para multitud de novelas y películas en el mundo actual, es el principal tema tabú para la sociedad germana de hoy. Un pueblo que se siente avergonzado por las graves consecuencias del Tercer Reich. Horrorosos capítulos que ensombrecen la historia de las naciones en su lucha por los derechos humanos y civiles. España desde el año 2008 sufre la mayor de las crisis de su historia reciente. Un periplo que como ocurrió con la Alemania nazi necesitó de bastantes años para ser comprendida, repudiada y utilizada como ejemplo de lo que nunca puede volver a ocurrir. Desde hace ya bastantes años, el dolor que sufren muchos ciudadanos, como consecuencia de este consentido desequilibrio, es casi insólito. Millones de personas han visto, como si de una absurda espiral se tratase, perder sus ahorros, sus viviendas, sus sueños, sus aspiraciones y hasta en algunos casos sus ganas de vivir. Un horroroso terremoto que ha asolado la ilusión de los ciudadanos, dejando sin duda a unos más desprovistos que a otros. Cuando el seísmo comenzó, a algunos les pilló ya refugiados bajo un techo más o menos sólido, sin embargo a otros les alcanzó la sacudida cuando sólo emprendían su camino hacia el refugio. Estos últimos han sufrido la crisis como si de una enfermedad mortal se tratase. Los jóvenes en nuestro país han padecido y padecen en sus propias carnes la vergüenza más repugnante que una sociedad puede permitir.

Entre las principales causas del desempleo juvenil hay que destacar las importantes deficiencias que existen tanto en el sistema educativo como en el mercado de trabajo. El abandono escolar temprano provoca un importante desajuste entre la oferta y la demanda por nivel educativo. Al igual, que las políticas activas de empleo para insertar a este colectivo en la realidad laboral del país han fracasado por completo. El problema es de una importante consideración y las consecuencias son inimaginables para el futuro de España. Sin embargo, la incoherencia es total. Por otro lado, tenemos una generación de jóvenes excesivamente preparados que no encuentra trabajo de ninguna manera y que solo  en el camino de la emigración ven la única vía para labrarse un futuro digno. Una situación cruel para aquellos que durante años se esforzaron por alcanzar unos estudios superiores.

La igualdad de oportunidades es un derecho y una premisa completamente incuestionable. No es justo que toda una generación de jóvenes que se han dedicado a estudiar y a esforzarse de manera continuada se vea relegada al destierro como única posibilidad de futuro. Sin embargo, ésta sigue siendo una de las cuestiones a la que los políticos de nuestro país menos importancia dan, porque simplemente no la han padecido. Ninguno de ellos sabe cuánto de duro es aterrizar en una tierra que no es la tuya y comenzar desde cero, alejado de tu familia, tus amigos, tus raíces… y en definitiva de la esencia que hace a cada uno un ser único y distinto al resto.

Los seres humanos somos capaces de adaptarnos al medio, y muchos de los que se van lo consiguen, pero es casi imposible que esa pequeña herida en sus corazones se cure. Una extraña sensación de desapego a todo, de pensar no soy de allí ni soy de aquí, no pertenezco a ningún lugar. Difícil será borrar el trance de aquellos que por estar fuera se perdieron la llegada al mundo de un nuevo miembro de la familia, la celebración de la boda de un amigo, o la despedida para siempre de un ser querido. Pequeños pero demoledores costes que hay que pagar cual peaje al cruzar una frontera. Escollos de vivir un momento que también sufren los que se quedan. La generación de los ‘ni-ni’, que ni estudia ni trabaja, cual pescadilla que se muerde la cola. Una generación que no estudia porque viendo las perspectivas de éxito de los que sí estudiaron se les quitan todas las ganas. Jóvenes lastrados por el fracaso escolar y la falta de expectativas ante la vida, relegados al olvido entre videoconsolas, trapicheos de drogas o problemas de alcoholismo, en algunos casos.

Ha llegado el momento en el que los ciudadanos frenemos esta sangría de sueños. Los jóvenes de este país representan el futuro de una nación herida, una nación que debe replantear su futuro de una manera sensata sin caer en el populismo, la demagogia o las amenazas inmovilistas.

Fotografía y escrito por Ignacio Luna (@lunajournalist)

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