CUBA: Un embargo condenado, una vergüenza aceptada


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El embargo económico, comercial y financiero que sufre la isla de Cuba por parte de los Estados Unidos se inició en el mismo año que se proclamó la Revolución Cubana, aunque no fue de manera oficial hasta el 7 de febrero de 1962, bajo la administración de John F. Kennedy.

Cuando el mundo da la espalda al pueblo cubano y se cumplen más de cincuenta años de bloqueo, los Estados Unidos de América se siguen manteniendo firmes en su posición de no transigir, enfrentándose a la presión internacional, y hasta a la contundente condena de la Asamblea General de la ONU del 13 de noviembre de 2012. Asimismo, nuevamente los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Panamá en la XXIII Cumbre Iberoamericana, hace tan solo unos días, volvieron a pedir a los Estados Unidos que pongan fin al bloqueo. Sin embargo, todas estas energías las deberían volcar para denunciar las violaciones constantes de derechos básicos de la población como la libertad de expresión, la libertad de circulación o la libertad económica.

Lo que sucede en Cuba no es tolerable y la opinión pública a través de los gobiernos legítimos del mundo entero debería presionar para poner fin a esta barbarie que ya ni siquiera tiene sustento ideológico alguno.

Más de un 70% de la población nació bajo el embargo, y para mucho es una reliquia, un remanente de la Guerra Fría. Nueve presidentes de los Estados Unidos han pasado por el Despacho Oval en todo este tiempo. Nueve distintas maneras de gestionar el conflicto que no han servido para mucho, pero que al menos no han respaldado como el resto de la comunidad internacional a un régimen represivo con un partido único que encarcela a ciudadanos por creer en la democracia o en la libertad.

El gobierno de Cuba carece de credibilidad alguna, si recientemente mintió sobre el carguero interceptado en Panamá lleno de armamento que se dirigía camuflado camino a Corea del Norte, cómo no va a mentir sobre la situación de los presos políticos que se mueren en las cárceles o la realidad de la vida en Cuba. Solo hace falta dirigir la mirada por un instante al rostro de las vejadas y perseguidas Damas de Blanco para poder dibujar esta sinrazón y advertir el dolor y el sufrimiento constante de aquellos a los que se les llama opositores y que solo luchan y defienden la libertad de una Cuba libre y con un futuro próspero.

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Tener 16 años causa principal para no ganar el Nobel de la Paz


1381613349_778121_1381613765_noticia_normal­­Malala Yousafzai, la niña pakistaní tiroteada el 9 de octubre de 2012 por defender  la educación de las niñas contra el poder retrogrado y dictatorial de los talibanes de la zona, no consigue obtener el premio Nobel de la Paz. La razón esencial esgrimida para no alcanzar tan notable galardón ha sido su juventud.  “La principal cuestión sobre Malala es su edad”, señaló Kristian Harpviken, responsable del independiente Instituto de Investigación por la Paz de Oslo. “Cargar a alguien, que es básicamente una niña, con tener que llevar el peso de un premio Nobel durante el resto de su vida, hay que admitir que es difícil”, añadió en declaraciones a la agencia Reuters. No obstante, esa corta edad de la que ahora no le hace ser merecedora de dicho premio fue la que le impulsó con mayor garra y valentía para que a los 13 años comenzara a escribir un blog para la BBC, utilizando el pseudónimo de Gul Makai, contando la vida bajo el régimen Taliban pakistaní, la misma edad que le hizo participar junto a su padre en 2009 en el documental ‘Pérdida de clases, la muerte de la educación de la mujer’, y la misma edad que con valentía y coraje le hizo recuperarse de los balazos que unos desarmados talibanes, asesinos y lacra putrefacta de la religión islámica, perforaron el cráneo y el cuello de Malala. Por suerte y no por desgracia, Malala tiene la edad que tiene, y es esa edad y esa determinación asociada a tal juventud  la que le hace aún más grande si cabe. Y aunque para muchos sea imposible existir y destacar en el mundo por debajo de los 40, la vida existe. La ebullición, energía y fuerza de los que comienzan en el camino no debe ser minusvalorada. Una sociedad que no escucha la sabiduría de los ancianos y la energía transformadora de los jóvenes solo está abocada a una cosa, considerar que un Nobel de la Paz para una persona que ya ha decidido que quiere luchar por convertir el mundo en un lugar más justo sea una carga. Carga es saber que estás en el punto de mira, que les estorbas, que te insultan, que quieren liquidarte, y que eres víctima de un sangriento atentado y aun así afirmas con auténtica determinación que seguirás luchando para lograr tus objetivos, sin importar lo difícil que sea el camino hacia el éxito, de ver a todos los niños en las escuelas. Eso es una carga.